
Llegó de improviso, a través de la neblina, sentí sus pasos hacia mí, despacio, sin correr, uno a uno sin tropezar; lento, seguro, viajero que va hacia destino incierto. Su cara, desconocida y a la vez familiar se confundía con la espesura de rostros cotidianos; el brazo invisible que evita la caída, la sonrisa fugaz que se confunde con un rictus.
Me refregué los ojos, para poder mirar mejor, pero la neblina y la multitud se interponían; ¿quién eres desconocido? Siempre estubiste cerca, ¿verdad? más yo no podía verte; una pared de prejuicios y palabras sueltas en el aire separaban nuestros caminos, más no nuestros destinos.
Las voces acusatorias no me dejaban escucharte; las manos se cerraban en mi brazo para alejarme de tí.
Como barco en la tormenta, seguí el débil resplandor de tu luz, hasta poder encontrarte; el mar se abrió ante mí, la neblina se disipó, los muros cayeron. Nació un mundo nuevo, boté la cáscara de nuez que me envolvía: renacer.
La felicidad está en mis manos nuevamente, nada se interpone en el camino; las piedras se patean, los obstáculos se saltan, el paisaje es para disfrutarlo. Si hay un río, nos metemos juntos de la mano, aunque llueva; si se me antoja gritar, gritamos juntos. No importa lo que digan, ni lo que piensen, es lo que hay.
La salvación, como una luz que entra por la rendija de la cortina en la mañana, los puntitos agrupados que le dan cuerpo .
La libertad.
Bienvenido, amigo mío, quédate a mi lado por siempre, no te atrevas a irte! te lo advierto, que antes de que vinieras era un cascarón vacío. No te vayas, que ya te quiero.






Pessoa como vos, tenía sus alter ego, por eso escribía desde distintas esquinas y posturas, y era él mismo, desdoblándose.
Respeto tus textos. Argivo
Ah el valor de un amigo..... Simplemente imposible de medir.